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    ¡Ya puede empezar a crear cursos!

    Moodle es un sistema de gestión de aprendizaje de código abierto que permite a los educadores crear y administrar cursos en línea. Ofrece una variedad de herramientas y recursos para organizar el material del curso, crear actividades y cuestionarios, alojar discusiones en línea y hacer un seguimiento del progreso de los estudiantes.

    La plataforma es altamente personalizable y puede adaptarse a las necesidades específicas de cada institución o curso. Esto significa que los educadores pueden crear cursos que se ajusten a sus objetivos y metodologías, y personalizarlos para el aprendizaje de cada estudiante. Moodle también admite tanto entornos de aprendizaje síncronos como asíncronos, lo que permite a los educadores organizar eventos en vivo y proporcionar recursos para el aprendizaje a su propio ritmo.

    Moodle es ampliamente utilizado en instituciones educativas de todo el mundo, desde escuelas primarias hasta universidades. También es popular en programas de formación profesional y empresarial. Además, la plataforma es accesible para usuarios de diferentes habilidades y necesidades, lo que la hace inclusiva para todos los estudiantes.

    La comunidad de Moodle es activa y diversa, compuesta por educadores, desarrolladores y usuarios de todo el mundo. La comunidad contribuye al desarrollo y mejora continua de Moodle, y proporciona soporte, recursos y documentación para los usuarios. La plataforma también ofrece una gran cantidad de recursos y herramientas para mejorar la experiencia de los usuarios y fomentar la colaboración y el aprendizaje interactivo.

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Durante la escolaridad de los alumnos en los centros educativos se producen numerosas situaciones, personales y contextuales, que pueden afectar de manera significativa a su proceso de formación, lo cual resulta especialmente relevante en la etapa de secundaria. Esta, coincidiendo con el periodo de la adolescencia, se revela como una fase clave en la vida de una persona, previo paso a la edad adulta, donde se producen los mayores cambios físicos y psicológicos que forjarán la personalidad adulta del estudiante.

De este modo, ciertos alumnos durante su etapa escolar, pueden no disponer o hacer uso de las estrategias y competencias necesarias para solventar con éxito las exigencias y demandas de la vida académica, y pueden llegar a experimentar actitudes negativas hacia ella, pérdida de interés en sus estudios o, incluso, agotamiento físico y psíquico. Todas estas experiencias pueden desembocar en una falta de motivación absoluta del alumnado y mermar su rendimiento e, incluso, conducir al abandono prematuro de sus estudios.

Al hacer referencia a las explicaciones o causas del bajo rendimiento o al fracaso escolar, el concepto de motivación aparece de manera recurrente. Los modelos motivacionales consideran a la motivación como un ente que explica el inicio, dirección y perseverancia de una conducta hacia una determinada meta académica, centrada en cuestiones inherentes al propio proceso de aprendizaje: el rendimiento académico, la valoración social o, incluso, la evitación del trabajo. De este modo, sugiere que la motivación resulta un proceso activo y dinámico por el cual una persona se mantiene en una tarea con el fin de conseguir sus propósitos. Así, para el logro de los objetivos del alumnado, no solo se requieren capacidades normativas y conocimientos específicos en una materia sino, también, la disposición y motivación para ello.

De esta manera y centrada en el contexto académico, se entiende por motivación escolar el conjunto de creencias que el alumnado posee con respecto a sus objetivos y fines, revelando el por qué una meta es importante para él y deduciendo una explicación acerca de la persistencia en su conducta (Rosário & Högemann, 2015). Además, el interés y la persistencia son elementos de la voluntad que mantienen la motivación e inciden en la concentración y disposición en la tarea del alumnado.

De esta manera, la teoría de la autodeterminación (TAD) actúa como un continuo que abarca diferentes grados de autodeterminación en la conducta, desde la no autodeterminada hasta la más autodeterminada. Durante todo este recorrido, se abarcan tres tipos fundamentales de motivación que cuentan con su propia estructura y se encuentran reguladas por el sujeto de manera interna o externa: la motivación intrínseca, la motivación extrínseca y la amotivación o, lo que es lo mismo, la falta de motivación.

La motivación intrínseca hace referencia al desarrollo de una actividad por la satisfacción inherente derivada de ella, no precisa de reforzamientos externos y resulta en un constructo multidimensional en el que se distinguen tres tipos. El primero es la motivación intrínseca hacia las experiencias estimulantes, cuando un sujeto se involucra en una actividad para divertirse o experimentar sensaciones estimulantes y positivas derivadas de la propia dedicación a la actividad; motivación intrínseca hacia el conocimiento, relacionada con el deseo por el aprendizaje de nuevos conceptos y, por último, la motivación intrínseca hacia el logro, caracterizada por el afán de superación o culminación de objetivos personales propuestos.

En la motivación extrínseca, la conducta adquiere significado porque está dirigida hacia un fin y no por sí misma. En ella se distinguen tres tipos de motivaciones, ordenadas de menor a mayor nivel de autodeterminación: la motivación extrínseca externa, que refiere a las recompensas o evitación de castigos en la realización de una actividad; la motivación extrínseca identificada, donde el sujeto atribuye un valor personal a su conducta y resulta percibida como una elección del propio individuo porque la considera adecuada e importante. Finalmente, la motivación extrínseca introyectada, en la que el sujeto lleva a cabo su actividad para evitar su culpa o realzar su ego en el desempeño de ella.

Por último, la motivación, resulta un estado de falta de motivación en la realización de la tarea. Implica una escasa valoración de ella, ausencia de control en la conducta o, incluso, percepción de incompetencia e inoperancia para llevarla a cabo de manera satisfactoria.

Muchos son los estudios que relacionan, en población adolescente, conceptos asociados a una adecuada motivación escolar como su estrecha relación con el engagement académico. Por ejemplo, percepción de autoeficacia en el desarrollo de tareas escolares, inteligencia emocional (IE), bajo índice de abandono escolar, así como, en términos generales, mayor felicidad académica de los estudiantes y ausencia de consumo de drogas en adolescentes.

Por otro lado, la inteligencia emocional se conoce como la capacidad de una persona para procesar la información que le proporcionan las emociones a su alrededor. Las personas emocionalmente inteligentes son aquellas capaces de atender a las emociones percibidas en su contexto más próximo, comprendiendo sus posibles causas y consecuencias y desarrollando, así, las estrategias necesarias para regular o manejar los diferentes estados emocionales.

La literatura científica en torno al estudio de la inteligencia emocional en el ámbito educativo resulta amplia y se enfoca en diferentes poblaciones y contextos. La mayoría de los estudios se han centrado en investigar su incidencia en el bienestar de los estudiantes en Educación Primaria, en Educación Secundaria Obligatoria (ESO), estudiantes universitarios o, incluso, en docentes. Lo anterior denota la estrecha relación de la inteligencia con el bienestar subjetivo, satisfacción vital y felicidad académica de los estudiantes.

En la actualidad, los términos de motivación e inteligencia emocional son empleados indistintamente en el ámbito educativo. Se considera la inteligencia emocional como una manera de interactuar con todo aquello que rodea al individuo quien tiene muy en cuenta la motivación, la cual lleva a considerar las emociones como un aspecto integral de la motivación en la medida en que esta desencadena la conducta orientada a un fin. En consecuencia, tal y como apunta, los sistemas motivacionales y de inteligencia emocional interactúan y se sostienen mutuamente al servicio de las metas perseguidas, en detrimento de posicionamientos interdependientes. De este modo, las emociones suponen un papel importante en la adaptación de los estudiantes en su centro escolar en cuanto al manejo emocional de todas aquellas variables contextuales y personales que se producen a lo largo del curso académico y que pueden determinar cuestiones tan importantes como el bienestar personal, la motivación escolar o el rendimiento académico, entre otros.

Por último, el rendimiento académico es una de las dimensiones más importantes en el proceso de enseñanza-aprendizaje, el cual es aceptado como un concepto multidimensional, amplio y relativo en función de los diversos objetivos y resultados esperados en la acción educativa. Otros estudios lo consideran como la medición de la efectividad escolar o logros académicos. A pesar de que las calificaciones numéricas son uno de los factores más empleados en la literatura científica y vaticinadores de mayor estabilidad que se conocen en relación con el rendimiento académico del alumnado, se han utilizado diferentes formas de cuantificar el rendimiento como pruebas estandarizadas, el número de suspensos (Díaz, 2003), los cursos escolares repetidos, cantidad de tiempo dedicado al estudio o, incluso, la combinación de varios de ellos (Rosário et al., 2012).

De esta manera, interrelacionando las variables de motivación escolar y rendimiento académico, la literatura científica deja varios estudios al respecto. Algunos de ellos consideran que las motivaciones intrínsecas se relacionan con un mayor rendimiento académico, así como con otros mediadores motivacionales cognitivos y conductuales más adaptativos dentro del proceso de aprendizaje. Otros, aluden a la posesión predominante de motivaciones intrínsecas en detrimento de extrínsecas en alumnado de rendimiento bajo, aunque no resulta un factor predictor de este. Aluden a que los estudiantes de alto rendimiento se diferencian de los de bajo en que sus niveles de motivación intrínseca y orientaciones de meta hacia la tarea resultan más elevados en los primeros que las orientadas extrínsecamente. Sin embargo, el nivel predictivo de las motivaciones intrínsecas para explicar el rendimiento académico no ha sido esclarecedor y los resultados encontrados en las investigaciones son diversos e, incluso, en una dirección opuesta prevaleciendo las motivaciones extrínsecas.

Por otra parte, existen estudios que afirman que elevados índices de motivación intrínseca y ausencia de motivación se relacionan positivamente con altos niveles de rendimiento académico; mientras que, desde una perspectiva contraria, las motivaciones extrínsecas y mayores niveles de motivación se relacionarían con la orientación al ego, pero no necesariamente con un bajo rendimiento académico y otras conductas menos adaptativas. Además, Miñano y Castejón (2011) aluden a la importancia de la modulación de las experiencias de éxito/fracaso en la vida académica de los estudiantes para definir sus motivaciones a la hora de enfrentarse a las tareas y quehaceres académicos.

Ahora bien, relacionando las variables de inteligencia emocional y rendimiento académico, la literatura científica ofrece ciertos estudios que relacionan ambas en población escolar adolescente con resultados contrapuestos. Por un lado, diversas investigaciones denotan la relación entre inteligencia emocional y rendimiento académico. Concluyen que el rendimiento se encuentra influido por la inteligencia emocional denotando, además, diferencias entre estudiantes con baja inteligencia emocional y los alumnos con alta; no se observan diferencias entre los de inteligencia emocional adecuada o media con los otros dos.

Por otro lado, diversas investigaciones muestran una línea contraria a los trabajos anteriormente citados, en un estudio sobre la incidencia de las emociones en el contexto educativo, afirman que los resultados se muestran inconsistentes y no definitorios, proponiendo nuevas metodologías de estudio. Hernández (2005) niega la capacidad predictiva de la IE sobre el rendimiento académico en adolescentes escolares. No encuentra relaciones significativas entre la inteligencia emocional y el rendimiento académico; indica, además, que aquellos estudiantes con mayor nivel de este tienden a obtener menores niveles de inteligencia emocional y viceversa.

Por todo lo anterior, y siguiendo a, se disponen de pocos trabajos de investigación que aborden de manera específica los vínculos existentes entre la motivación escolar, la inteligencia emocional y el rendimiento académico en el contexto educativo resultando necesarios más estudios que indaguen y amplíen la comprensión y conocimiento de la interrelación entre los diferentes constructos enunciados en aras del desarrollo personal y académico de los alumnos en los centros educativos. De este modo, el objetivo del estudio se centra en analizar la relación entre la motivación escolar, las orientaciones de meta y la inteligencia emocional en una muestra de adolescentes escolares.

De esta manera, y con base en el objetivo anteriormente enunciado, se postulan tres hipótesis: (a) Aquellos estudiantes con unos elevados índices de motivaciones intrínsecas se relacionarán positivamente la inteligencia emocional y el rendimiento académico, siguiendo una línea de conductas más adaptativas que, (b) Aquellos estudiantes que obtengan mayores niveles de motivación extrínseca, relacionados positivamente con la motivación y, de manera negativa, con las dimensiones de la inteligencia emocional y el rendimiento académico, en una línea de conductas menos adaptativas. Además, (c) Las motivaciones intrínsecas y la inteligencia emocional predecirán positivamente el rendimiento académico mientras que, las motivaciones extrínsecas y motivación, predecirán el rendimiento académico de manera negativa.

 

Ayudar a los padres y madres en la compleja e importantísima tarea de EDUCAR a los hijos aportando una serie de documentos, reflexiones sobre temas que al respecto nos pueden interesar. 

Promover la necesaria relación FAMILIA-ESCUELA, de manera que unos y otros se comuniquen más y mejor, crezcan en unidad de criterios de actuación y vayan todos a una en esa tarea común que comparten padres y madres junto con la comunidad educativa del centro escolar.